Así celebran los mexicanos el Día de Muertos en Francia

Por  Staff Puebla On Line | Publicado el 02-11-2020

A pesar del segundo confinamiento, el racismo y los ataques terroristas por cuestiones religiosas en Francia, la comunidad mexicana recuerda a sus seres queridos.

Bajo un estricto dispositivo de seguridad y resguardada por la policía francesa, se llevó a cabo la misa con motivo del Día de Muertos, organizada por el Colectivo Cultural Nadieshda, que desde hace 18 años organiza el festival La fête de morts à Paris, que busca conservar nuestras tradiciones.

En la iglesia de Saint-Merri. en pleno corazón de Le Marais, se escucha entre las figuras de los 12 apóstoles y de Baphomet la voz de la soprano ligera Yolanda Preciado, egresada del conservatorio de música en Puebla, entonando La Llorona y el Ave María como único distintivo mexicano presencial a nivel nacional en Francia, como  arte de dicho festival.

Tápame con tu rebozo, llorona porque me muero de frío.

No sé qué tienen las flores, llorona Las flores del campo santo.

“Es el festival más antiguo de Europa (del Día de Muertos), en 2003 inicié en París con un altar de muertos, una exposición de fotos de artistas de Míxquic, un documental francés sobre la festividad a la mexicana, un concierto a cargo de Mauricio Peralta y una obra de teatro”, dice Mysha, fundador del Colectivo.

Recuerda con emoción la primera obra de teatro “Entre vivos y muertos”, un recital poético de autoría propia e inspirado en poemas de Netzahualcóyotl, Rimbaud, Charles Baudelaire, Jaime Sabines, Oscar Wilde o Edgar Allan Poe.

Y no es para menos, pues el festival lo ha llevado alrededor del mundo durante 10 años, a través de ciudades como Londres, Nueva York, El Cairo, Tokyo, Concepción, las Islas Canarias y Washington, donde los talleres para hacer pan de muerto, redactar calaveritas, crear flores de cempasúchil, papel picado, catrinas y catrines con cartoneros mexicanos, talleres chamánicos (tarot lectura), los performances, los cortometrajes, son tradiciones que atraviesan fronteras y bien recibidas por la gente Pero este año fue diferente y a pesar de la situación actual en Francia por la crisis sanitaria, el segundo confinamiento y los atentados terroristas por cuestiones religiosas, para la comunidad mexicana no se cuestiona celebrar una de sus mayores festividades.

Bárbara, la cofundadora del festival, cuenta que, para ella, la misa representa una oportunidad de “unir nuestras tradiciones por los días de Todos los Santos y Fieles Difuntos a la cultura europea y, sobre todo, en el contexto que se vive en Francia en estos momentos”. Para Mysha, en los temas de religión y terrorismo, “hay que tener cuidado, pero no hay que vivir con miedo”.

El festival independiente ha tenido resonancia a nivel nacional e internacional, ya que desde hace ocho años –de acuerdo con los organizadores– se lleva a cabo un desfile de catrinas y París, como epicentro de las actividades, ha atraído a extranjeros, pero también a familias francesas de Nantes, de la Normandía, de la Bretaña, de Lille, de Estrasburgo, Marsella.

“La sociedad francesa se ha dado cuenta que la muerte se puede ver de otra forma, ya que para ellos esa palabra es tabú –como público estricto que es– la integran y la hacen suya, para ellos es otra forma de recordar a sus muertos, la han adoptado a su modo”, concluye Mysha.

LA COMUNIDAD MEXICANA, MÁS FESTIVA QUE NUNCA

A pesar del contexto por la crisis sanitaria, los ataques terroristas que ha golpeado a la nación francesa, la comunidad migrante mexicana no ha dejado de celebrar el Día de Muertos. Los tamales, las hojaldras, los taquitos al pastor, las catrinas, talleres virtuales de cómo hacerlas, redacción de calaveritas, sesión de disfraces, talleres de cocina para estas fechas y hasta concursos de altares, han inundado los hogares franco-mexicanos.

Sergio es un chiapaneco asentado desde hace varios años en París y muy festivo. Organizó su altar, puso su dulce de calabaza, el sumerio, la coronita, el pox y un ron bacardí para su abuelo, los tamalitos de chipilín para su abuela materna, pan de muerto y conchas para la abuela paterna, el sumerio que es muy importante en los altares chiapanecos, papel picado y, además, ataviado en La Huesuda y su sombrero de charro, visitó la tumba de su suegra en Garches.

Érika, también radicada en París, le dedicó la ofrenda a su padre y a sus dos hermanos: “Es una tradición que desde pequeña la aprendí y la sigo haciendo. Les puse sal, agua, té de canela para que se reflejen y vean que están muertos y regresen. Les puse pan de muerto, tequila y sus flores”. Su ofrenda la hizo a partir de cosas que ya tenía, pues viviendo en el extranjero cuenta que es difícil conseguir calaveras tipo catrinas.

Dulce Naame, una veracruzana asentada también en la capital francesa, me comparte fotos de su ofrenda que este año le dedicó a su abuelo, que fue quien la crio, a sus dos tías abuelas, a su suegro y a sus mascotas, porque para ella y su familia son miembros importantes: “A mi abuelo le pusimos su café y sus polvorones que le encantaban”. En su ofrenda se observan caballitos de talavera con su botella de tequila, pan de muerto, calaveritas de azúcar, fruta y sus flores.

Estos tres ejemplos son de cómo los mexicanos en el extranjero adaptan sus prácticas y transforman sus espacios en las sociedades receptoras a diferentes escalas espaciales y, en este caso, el cuerpo, el espacio doméstico y el espacio transnacional, lo que demuestra la continuidad de creencias en el proceso migratorio ligados a la tradición mexicana.

Fuente: Crónica

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