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Siete niñas fueron asesinadas en Puebla durante 2020

Por  Staff Puebla On Line | Publicado el 27-04-2021

Denisse, Alisson y Yatziri fueron maltratadas y asesinadas cuando hacían lo que hacen las niñas de su edad: jugar, reír, descubrir su entorno, aprender a ir al baño.

Antes de que quienes debieron protegerlas terminaran con su vida, las niñas de 5, 2 y 7 años de edad sufrieron abuso sexual y vejaciones por parte de sus propias madres, madrastras y padrastros.

¿Qué pasa en esos hogares rotos?, ¿Por qué lo que empezó como casos de violencia familiar llegaron a la expresión más cruel de violencia de género?

Para Ana Laura Gamboa Muñoz, directora del Observatorio de Violencia Social y de Género (OVSG) de la Universidad Iberoamericana Puebla, la situación de vulnerabilidad en la que están las niñas y adolescentes cuando son víctimas de violencia familiar es grave; si las personas adultas violentadas enfrentan impedimentos para cambiar su situación, las menores de edad tienen un panorama tan complicado que les resulta imposible salir de esos círculos de violencia y denunciar les resulta imposible.

Crecer en ese núcleo familiar marca. Las niñas violentadas tienen más posibilidades de ser víctimas, más tarde, de violencia de pareja.

“Hay que considerar la violencia que existe en la forma de educación; de pronto, a niños, niñas y adolescentes no se les considera como sujetos de derecho y en ese sentido pareciera que hay una vulnerabilidad y una violación a su libertad de realizar ciertas cuestiones”, explica Gamboa Muñoz a Crónica Puebla.

La especialista considera algo más: que la contingencia sanitaria por la propagación de la COVID-19 y el confinamiento agudizaron un problema del que no se hablaba: el maltrato infantil.

“Tiene que ver con estas cuestiones ligadas al estrés, el no saber poner límites sin violencia, y entonces estos factores psicológicos y emocionales van a descargar estas energías hacia niñas y niños de manera recurrente”, dice.

Juan Martín Pérez García, director ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), agrega  que esta violencia contra las niñas y también los niños es parte de la sociedad machista en la que se desenvuelven, con las prácticas viejas para “educarlos” relacionadas con el control de los cuerpos de los menores.

“Es importante ubicarnos en estas pautas machistas de crianza y los motivos por los que se golpea a niñas y niños; hemos observado que se les pega a los niños en la perspectiva de que no lloren o que regresen los golpes de acoso escolar o quienes golpean a las chicas adolescentes por su conducta, forma de vestir o cuando su comportamiento no se relaciona con el servicio doméstico o cuidar de otros”, dice vía telefónica.

Pérez García recuerda que la violencia contra los menores de edad se manifiestan primero con lesiones hasta llegar a lo que considera “la expresión más escandalosa”: el feminicidio.

Cada mes en la Redim reciben el reporte de mil 200 niñas y niños que son hospitalizados por lesiones.

“Claramente, el hecho de que requieran un hospital revela que hubo una intención de causar daño”, dice.

Denisse tenía cinco años.

Fue asesinada en Zacatlán por su madrasta en febrero del año pasado, antes de que los casos de contagio por COVID se presentaran en suelo poblano. La mujer golpeó a la pequeña, según su relato, cuando la “desesperó” al no avisar para ir al baño y ensuciar la ropa.

Alisson, de dos años de edad, llegó el 24 de marzo del año pasado al Hospital Universitario con huellas de violencia física y sexual; los agresores habían sido su madre y su pareja.

En diciembre del año pasado, falleció Yatziri de siete años de edad, hospitalizada desde el 20 de agosto con quemaduras y golpes. Su padre, madre y madrastra fueron detenidos.

Estaban ahí…

Ya era recurrente una dinámica dañina para los menores: una pareja con hijos se separaba y alguna de las dos partes los amedrentaba, amenazaba, descuidaba o violentaba para causar aflicción a la contraparte. Pero entonces, sucedió: la violencia escaló hasta que una madre mató a sus hijos para perturbar a su expareja.

Una abuela –por un conflicto de predios– envía a hombres a intimidar a una mujer y en la pelea, es asesinada Mayra, la niña para quien se reclamaban terrenos como herencia; accionó el arma el hombre con quien la madre de la niña había terminado una relación sentimental.

Mayra tenía nueve años de edad, fue encontrada junto a su madre el 26 de enero del 2020, amarrada; padeció abuso sexual y le dispararon 13 balazos que le atravesaron las manos al intentar protegerse, declararía el Fiscal General del Estado, Gilberto Higuera Bernal, cuando anunció que el caso era investigado como feminicidio.

Días después, las autoridades informaron que la abuela de la menor fue detenida, un primo de Mayra, de 16 años de edad, habría participado en el ataque y se encuentra prófugo.

“Hay que recordar que en esta cultura patriarcal los niños no son considerados personas, sino objetos, objetos de aseo o de venganza, por eso en los conflictos de pareja hay estos niveles de violencia extrema o menos graves  pero nocivos, como prohibir el contacto con uno de los padres, lo que violenta el derecho del niño o la niña; urge que se reconozca que niñas y niños son personas y que es obligación de las autoridades protegerles de sus  propios padres que difícilmente va a cambiar”, explica Pérez García.

Natividad Parra tenía 13 años de edad. Su cuerpo fue abandonado en Zacapoaxtla junto con el de su mamá, en una barranca cercana a donde vivían. Habían sido reportadas como desaparecidas y aún se desconoce quiénes fueron los agresores, pero fue clasificado el caso como feminicidio.

En febrero de este año en Izúcar de Matamoros, fue asesinada Monserrat, de 12 años. No se consideró como feminicidio en los recuentos hemerográficos de organizaciones civiles como Observatorio Ciudadano de Derechos Sexuales y Reproductivos (Odesyr), porque en medios de comunicación se describió como herida de muerte en fuego cruzado.

Las autoridades lo clasificaron como homicidio e identificaron al agresor como Gustavo, quien buscaba a la madre de la niña, su pareja sentimental, en la tienda donde estaba toda la familia, para reclamarle haber terminado la relación.

Iba ebrio, se encontró con la abuela de Monserrat y un tío, empezó a disparar, la bala rebotó en el refrigerador y la atravesó el tórax de la pequeña.

Ana María Gamboa Muñoz explica que en estos casos de asesinatos de mujeres en línea de fuego, también pueden considerarse como feminicidios, ya que el modelo latinoamericano de investigación de las muertes violentas de mujeres por razones de género lo clasifica como feminicidio de conexión.

Los observatorios de Puebla poseen esta clasificación, pero carecen de registro de casos por la falta de un marco de enfoque de género que desde los medios de comunicación permita esclarecer las circunstancias.

El Observatorio de Violencia de Género en Medios de Comunicación (Ovigem) recomienda que se eviten los relatos que farandulizan o revictimizan a las mujeres agredidas y redirigir la búsqueda de datos: erradicar  conjeturas sin certezas e invertir tiempo y esfuerzo en verificación.

En este protocolo –indica– podría haber razones de género cuando la muerte de una mujer en la línea de fuego es provocada por un hombre en el mismo lugar en el que mata o intenta matar a otra mujer, una pariente, una amiga o una extraña que se encontrara en el mismo escenario del ataque.

“Esto es algo de lo que no se habla. No es frecuente que la primera intención del agresor sea asesinar a las niñas, pero sí de dañarlas, sobre todo en espacios públicos. Lo provocan también los roles de género, porque la mayoría de las mujeres están a cargo de sus hijos o hijas, y en ese sentido la situación de vulnerabilidad pone en riesgo a las madres y a los menores”, menciona.

Aunque un varón también se puede encontrar en la misma situación, la especialista recordó que son las mujeres quienes en su mayoría desde niñas han sufrido violencia sexual, física, psicológica y emocional, mientras que los niños suelen sólo sufrir violencia física.

Fuente: Crónica

 

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