La doble pandemia en Huaquechula, se llama ‘tejón’ y les pegó a los bebedores

Por  Constanza Velázquez | Publicado el 15-05-2020

Huaquechula no sólo se ubica en la lista de los 95 municipios poblanos con registros de COVID-19, al reportar tres contagios y un deceso por ese motivo; también se colocó como el tercer municipio con más muertes por consumo de alcohol adulterado al registrar 10.

Hasta este jueves la Dirección de Vigilancia Epidemiológica en Puebla reconocía 51 defunciones en los municipios de Chiconcuautla, Chignahuapan, Xochitlán Todos Santos, Zacatlán, Huaquechula y dos juntas auxiliares del municipio de Puebla.

Una bebida tradicional conocida como el ‘tejón’, una mezcla de aguardiente con tejocote, provocó la muerte de una decena de personas que tenían problemas con el alcohol en Cacaloxúchitl, junta auxiliar de Huaquechula.

Furmencio Hernández es una de las víctimas del ‘tejón’. De no morir por lo adulterado de la bebida, hubiera dejado de existir por su adicción al alcohol, dice su esposa doña Elvira, quien vela sus restos en una humilde casa rodeada de terrenos recién arados.

La robusta mujer, de arrugas en la frente, nariz afinada y cabello cano, evidenció que desde hace seis meses su esposo de 72 años tomaba tejón hasta en ayunas. Salía de su casa a las seis de la mañana y regresaba hasta las 10 de la noche porque agarraba el vicio con sus cuates.

En la tienda de ‘la marrana’, del Martin, del Alonso o de doña Rosa, acostumbraba a comprar dicha bebida que jamás gozó de buena fama por lo barato, dice doña Elvira.

“Sí era tomador, pero no merecía morir así nomás. Nomás me espero a que esté bien enterrado y después vamos a buscar que se le haga justicia porque las cosas no se van a quedar así. Si no fue nomas uno, fueron varios los que se murieron por el dichoso tejón”.

Ataviada con un babero de color rojo a cuadros y un suéter azul, se sentó frente al ataúd de su esposo y alzó la voz para decir que le hará justicia.

La casa de los Hernández su ubica a tres calles del panteón de Cacaloxúchitl. Sus hermanas y sus hijas prepararon una cazuela de frijoles, hicieron una picosa salsa verde con cebolla picada y echaron tortillas a mano, para recibir a uno que otro familiar y conocido que llegaba a despedirse de Furmencio. Fue imposible programarle una misa por la contingencia sanitaria y aún no sabían a qué hora enterrarían el cuerpo.

En la misma incógnita se encuentra Martín y Modesto, hermano y primo de José Antonio, quien murió el miércoles en Cacaloxúchitl luego de ‘curarse’ la resaca con un vaso de tejón.

Martín quien tiene los brazos tatuados, una ceja perforada y viste una playera roja con un toro de cuernos blancos y la leyenda Chicago Bulls, dice que no quiere hablar de la muerte de su hermano porque se le revuelven los sentimientos.

José Antonio de oficio campesino, quería cruzar la frontera para trabajar en Estados Unidos y ya no pudo hacerlo, recuerda. La familia está devastada y solo quieren que se le haga justicia, aunque saben que eso no resucitará a su hermano que sólo tenía 29 años de edad.

Martín y su primo acudieron la tarde de este jueves al panteón de Cacaloxúchitl a buscar una tumba disponible. En el lugar se encontraron con el presidente auxiliar, Sergio Reyes quien les mostró dos espacios de gente que se enterró hace más de 20 años y que por su antigüedad pueden ser reutilizados en esta nueva pandemia.

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