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Clases presenciales, el dilema para padres

Por  Staff Puebla On Line | Publicado el 31-08-2021

Hace frío, tras una madrugada de lluvia, pero los niños están bien despiertos y emocionados frente a la maestra que usa megáfono para pedir a los papás que se formen sobre las “x” del piso.

Tras 17 meses en casa, hay nuevo hábito escolar: fila para acceder, toma de temperatura, uso de cubrebocas en todo momento, gel antibacterial, dejar metro y medio de distancia, no abrazar ni dar besos a los amigos.

“No te andes quitando el cubrebocas”, “por favor, no te estés tocando la cara”, “lávate las manos cada que puedas” son las recomendaciones de los adultos en la fila.

Este inicio de clases tiene contabilizados a un millón 700 mil estudiantes de preescolar, primaria, secundaria y nivel medio superior bajo esquema híbrido.

Un papá acomoda la careta a su hijo que carga, emocionado, una bolsa de plástico con papel de baño, gel antibacterial y toallas desinfectantes. Atrás, una mamá da a su hija el trapeador nuevo que le pidieron dentro de la lista de útiles.

“¿Tú si querías traerlo a la escuela?” pregunta un hombre a su vecina en la calle, donde todos se frotan las manos de frío. “No, pero no hay de otra”, dice ella.

“Es lo mejor, así generan anticuerpos” responde aquél, con tono de ánimo.

¿Fue lo mejor regresar?, ¿se enfermarán los hijos?, ¿debieron esperar?, ¿sirven todos esos tubos de gel o sólo ayudan a estar tranquilos?, se oye en las charlas fuera de la escuela.

¿Funciona este modelo?, ¿cuándo vienen tus hijos?, ¿cómo le hiciste el año pasado? Hay preocupación, ninguno tiene certezas.

La maestra del megáfono anuncia que la salida es a la una y que hay que llegar temprano para evitar aglomeraciones.

Los de afuera se despiden con las palmas en alto, mandan besos, gritan “¡te quiero!” y tratan de que no se les note la inquietud. Este primer día es como ningún otro.

El preescolar María Montessori de Tecamachalco abre puertas a las 9:00, pero Maritza abrió los ojos desde antes de las 6:00.

La emoción por ver a la señorita Sharon, su maestra, la tuvo ansiosa toda la noche.

Maritza Varillas tiene 5 años y este es su segundo ciclo escolar. Le fascina dibujar y en casa durante un año aprendió a diferenciar colores y contar hasta el 20.

Coleta bien peinada, mochila con dos libretas, colores, plastilina, dos cubrebocas y la bendición de su madre.

Además, un yogur, un jugo y una gelatina.

Hoy no hay lágrimas; Maritza ya quería que su mamá se fuera para jugar con sus amigos en la escuela donde no hay más de 20 alumnos por clase y al de ella llegaron sólo seis a hacer cuatro dibujos: un árbol, una casa, una mariposa y un león.

Erika Ancelmo, la mamá, está tranquila, “no sería así si fuera una escuela más grande; aquí puedo estar segura que la van a cuidar, porque son poquitos”.

Fuente: Crónica Puebla

 

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