Los dilemas de la Nomenclatura

Ignacio Juárez Galindo

Inmersos en una nueva realidad política, el grupo de magistrados, jueces y funcionarios que controla el Poder Judicial de Puebla, conocido como la Nomenclatura, cavila a profundidad la estrategia a seguir para lograr su más codiciado anhelo: Que el pleno de magistrados del Tribunal Superior de Justicia designe, por primera vez en su historia, al próximo presidente en febrero de 2011.

Aunque hace unas semanas, algunos magistrados festinaban que existían las condiciones reales para cumplir su objetivo, lo cierto es que nada está escrito y cada día reciben señales contradictorias por parte del equipo morenovallista sobre si les permitirán designar al sucesor del actual presidente del TSJ, León Dumit Espinal.

Lo que sí es un hecho es que la Nomenclatura y varios magistrados que están en calidad de aliados temporales pactaron con Rafael Moreno Valle Rosas, gobernador electo, posponer hasta agosto del próximo año la jubilación anticipada de 12 togados -entre ellos el mandamás del Poder Judicial, Alfredo Mendoza García-, así como llevarla a cabo de manera escalonada.

Sean peras o manzanas, la discusión de fondo radica en si los magistrados estarán a la altura de los nuevos tiempos en el estado y si tendrán el arrojo y la convicción de emanciparse del Poder Ejecutivo.

Y, de paso, si son conscientes de que tienen sus manos la oportunidad de montarse en la ola democratizadora que atraviesa la entidad para empujar la transición que requiere la entidad y, en lugar de ser un apéndice o secretaría más del gobierno del estado, se convierten en un verdadero poder.

De entrada, los primeros pasos de los integrantes del Pleno ofrecen contradicciones evidentes. Hasta ahora, lo positivo es que los integrantes de la Nomenclatura y magistrados independientes como Leonardo Tecua Petla o María de los Ángeles Juárez Hernández, por mencionar algunos, lograron saltar sus diferencias e hicieron causa común para enfrentar en bloque una serie de afrentas provenientes del exterior, sobre todo, el intento del gobernador Mario Marín Torres por imponer en la presidencia del TSJ, a como diera lugar, al magistrado Ricardo Velázquez Cruz.

Esta unión, que en un principio fue para hacer frente a los embates del marinato, mutó a una conciencia de grupo sobre la necesidad de mantenerse en una posición política independiente ante el complejo escenario electoral que se vivía antes del 4 de julio. Aceptar la llegada de Velázquez significaba respaldar abiertamente al gobernador y su delfín Javier López Zavala, pero también suponía que el Poder Judicial se convertiría en el último reducto de los marinistas ante una derrota en las urnas, la cual terminó por suceder.

En ese tránsito vino la oferta del actual titular del Poder Ejecutivo de ofrecer una multimillonaria pensión a aquellos magistrados que decidieran aceptar su jubilación anticipada. Esta medida, después se supo, tenía como finalidad que los marinistas insertaran a sus incondicionales para hacerse por completo del TSJ. Las pláticas avanzaron y aunque en un principio se aceptó la propuesta, al final el pacto fue roto por los propios magistrados tras conocerse la estrepitosa caída de Javier López Zavala.

El histórico triunfo de Moreno Valle -cuya campaña también fue respaldada ocultamente por Guillermo Pacheco Pulido, el líder moral de la Nomenclatura, y Alfredo Mendoza- trajo una nueva realidad a los magistrados.

De inmediato, tanto la Nomenclatura como el ala independiente entraron en contacto con el gobernador electo, a fin de impulsar los primeros acuerdos y sentar las bases de un relación cordial y cercana.

Hasta la ahí la cosa iba bien, pero los magistrados cometieron un error: Hacer evidente su incapacidad de exigir independencia y comenzar a negociar con Moreno Valle y sus interlocutores la presidencia del TSJ para 2011. Y es que al final, las pláticas terminaron por darle al gobernador electo el voto de calidad, es decir, el Ejecutivo como fiel de la balanza.

A partir de esa situación, los mensajes enviados por los morenovallistas han sido contradictorios: así como les dan esperanzas a los magistrados, lo mismo se las quitan. Un día, el escenario es favorable para cumplir su anhelo y al día siguiente la situación cambió radicalmente.

Para impulsar su verdadera emancipación, los magistrados tendrán que demostrar que tienen los tamaños para caminar solos, que su fortaleza radica en su unión, en su experiencia política y estar concientes del poder que tienen en sus manos. En tener muy claro cuáles son sus fortalezas y cuáles sus puntos flacos y riesgos.

Conocedores del Poder Judicial me han dicho, con mucha ironía, que el principal riesgo de los magistrados es que no saben qué hacer con su libertad, pues han dependido toda su vida del poder Ejecutivo y el riesgo es que sufran una especie de síndrome de Estocolmo.

Un punto fundamental a favor de los actuales magistrados es que su chamba no les fue dada por Moreno Valle, situación harto importante si recordamos que el principal temor, obediencia y hasta sumisión al Poder Ejecutivo provenía de su interés por conservar la trabajo y respetar al que se las dio.

Para algunos de los magistrados su propio pasado los condenará, sus inexplicables fortunas y excesos podrán ser utilizados en su contra para obligarlos a callarse, dimitir o mantenerse quietos.

A los actuales magistrados del TSJ les tocó vivir una de las etapas más difíciles, pero también más importantes en la historia de Puebla; así como también una paradoja: Ser responsables de encauzar las transformaciones, más no vivirlas. Estas líneas viene a colación porque los actuales togados no deben olvidar que su papel sólo es transitorio, no durará más de dos años, pero ese tiempo es fundamental para la construcción de la transición democrática en el TSJ.

Así pues, ninguna reforma al Poder judicial podrá llevarse a cabo al margen de los actuales magistrados, quienes conocen a profundidad los yerros, ventajas y retos de la administración de la justicia poblana. Están llamados a ser coparticipes de los cambios, siempre y cuando decidan jugar ese papel.

De lo contrario, quedarán como figuras decorativas, administrando sólo los millonarios recursos que reciben, pero sin calidad moral ni fortaleza política; estarán a expensas de terminar timoratamente su periodo e irse con una bola millonaria de pensión.

Esta es la oportunidad, incluso, para tener una salida digna ante las graves denuncias de corrupción e impunidad que todos los días se conocen en el Poder Judicial.

La realidad les dio mano para jugar su última carta.

Corren las apuestas.

ignacio.angel20@gmail.com

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