Ignacio Juárez Galindo
La decisión de la administración morenovallista de impulsar una reforma del Poder Judicial que dará vida al Consejo de la Judicatura desencadenó una lucha de fuerzas entre el Tribunal Superior de Justicia y el Gobierno del Estado.
La primera acción resultante del estira y afloja entre ambas instituciones, es la creación de la Contraloría Interna del Poder Judicial, la cual recayó en manos de Bertha Angélica Santiago Muñoz.
Me explico:
Una vez que Rafael Moreno Valle Rosas ganara la elección del 4 de julio del año pasado, la Nomenclatura que controla el Tribunal Superior de Justicia comenzó un amplio acercamiento para definir las bases de la nueva relación entre ambos poderes.
El primer acuerdo fue que la decena de magistrados que presentaron su prejubilación al final del sexenio marinista, entre ellos el mandamás del Tribunal, Alfredo Mendoza García, permanecieran en sus cargos un año más.
Esta situación dio pie a un segundo acuerdo: Que la Nomenclatura aceptaría conducir el proceso para la reforma al Poder Judicial y el encargado sería, por su perfil, oficio político y poder, Mendoza García.
Mientras los meses del periodo de transición avanzaban, el magistrado de la Segunda Sala de lo Civil mantuvo contacto permanente con los morenovallistas, quienes en un principio exigieron resultados inmediatos en indicadores y mediciones sobre administración de justicia, principalmente mejorar en el estudio realizado por la Asociación Mexicana de Bancos que coloca a Puebla en el sótano.
Seguro de que los indicadores de la poderosa agrupación empresarial son altamente engañosos, Mendoza García apostó por otra estrategia: fortalecer económica y legalmente al Poder Judicial. Su postura, no obstante, le llevó a tener roces y desencuentros con el actual inquilino del Salón de Protocolos.
Pero, la relación nunca se perdió y la Nomeclatura fortaleció el acercamiento y cabildeo con el nuevo grupo en el poder, lo cual redundó en un hecho fundamental: La llegada de David López Muñoz a la presidencia del TSJ, lo cual representó un triunfo para Alfredo Mendoza y su grupo; a la par de otros acuerdos como apoyar al gobernador en su cruzada contra el empresario Ricardo Henaine Mezher, la cual fue cumplida a cabalidad.
La toma de protesta llegó y con el apoyo de los morenovallistas, la Nomenclatura comenzó a delinear su estrategia rumbo a un nuevo tema: la Reforma al Poder Judicial.
Hasta el momento, Alfredo Mendoza y un grueso importante de magistrados ya aceptaron la creación de un Consejo de la Judicatura y desaparecer la Junta de Administración del Tribunal Superior de Justicia, pero con una condición: que en manos de La Nomenclatura queden las áreas de disciplina y evaluación.
El interés por el área de disciplina reside en que es el órgano que lleva el control de las quejas y actuaciones de los secretarios, jueces, diligenciarios y hasta magistrados, así como también es la instancia de imponer todas las sanciones y correctivos a los funcionarios que cometan irregularidades.
Por su parte, el área de evaluación es fundamental porque ahí radica la contratación, rotación y seguimiento de toda la estructura del Poder Judicial, actualmente en manos de Alfredo Mendoza, quien lo opera a través de los colegios de Jueces y Secretarios de Juzgado, así como el cumplimiento de los indicadores, planes operativos anuales; inversión y presupuesto, entre otros muchas cosas.
Ante la negativa de independizar o emancipar las áreas de disciplina y evaluación, pilares fundamentales del desempeño judicial, la administración morenovallista envió un mensaje sin rodeos: La opción sería modificar la Ley Orgánica del Poder Judicial para quitarle el fuero a jueces y magistrados, así como reformar la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos a fin de tener un arma legal para sancionar a los funcionarios del Tribunal.
Sin embargo, en un acto de verdadera astucia, la Nomenclatura operó para crear la Contraloría Interna del Tribunal Superior de Justicia, a fin de que represente un contrapeso y deje sin justificación las reformas legales que pretendería impulsar la gestión estatal. La lógica es sencilla: para qué modificar la ley para sancionar a los funcionarios del Poder Judicial si ya cuentan con un órgano que los vigila y sanciona.
Y mire usted si no: El comunicado de prensa enviado por el TSJ a raíz de la creación de dicha contraloría establece que se trata de un “órgano encargado de controlar, fiscalizar e inspeccionar el cumplimiento de las normas administrativas que sean de observancia obligatoria en las Dependencias del Poder Judicial del Estado; así como la situación patrimonial de los Servidores Públicos de este Poder.
“La Contraloría tiene un Departamento de Fiscalización y Control Patrimonial y un Departamento de Normatividad y Calidad, así como con las Unidades Administrativas necesarias para el buen desempeño de las funciones que tiene asignadas.
“Son atribuciones de la Contraloría Interna el vigilar el cumplimiento de las normas de control administrativo, establecidas por la Junta de Administración del Poder Judicial del Estado; verificar el cumplimiento, por parte de los Órganos administrativos, de las obligaciones derivadas de las disposiciones en materias de planeación, presupuestación, ingresos, egresos, financiamiento, patrimonio y fondos económicos y llevar el registro de la situación patrimonial de los Servidores Públicos de este Poder.
“La Contraloría Interna, en su función de fiscalización, aplicará las normas, principios y procedimientos relativos a las evaluaciones de la información presupuestal, económica y de resultados del Poder Judicial del Estado, observando, como lineamientos básicos Auditorías de resultado de programas, las que tendrán por objeto analizar la efectividad y la congruencia alcanzadas en el avance presupuestal, y en el logro de los objetivos y metas establecidos.
“Asimismo realizará Auditorías de operación, que analizarán la eficacia obtenida en relación con la asignación de recursos humanos, materiales y financieros, mediante el análisis de la estructura organizacional de los sistemas operativos y de información; y Auditorías económico-financieras, que comprenderán el examen de las transacciones, operaciones y registros financieros, para determinar si la información que se produce al respecto es confiable, oportuna y útil”.
El estira y afloja entre el Poder Judicial y la administración estatal está en su apogeo.
Es la primera etapa de un juego de ajedrez harto interesante.
ignacio.angel20@gmail.com