17 de mayo de 1863

Rocío García Olmedo | Publicado el Domingo, 19 de Mayo de 2013 20:48
EL 17 de mayo de 2013 conmemoramos el 150 aniversario del Sitio de Puebla, que representa un paso emblemático en nuestra historia: El inicio y afirmación de un proceso que nos encaminó y consolidó como nación independiente y dio origen a la formación Estado mexicano.
 
Apenas habían transcurrido unos meses del triunfo de las armas mexicanas sobre los invasores franceses, cuando la muerte sorprendió al general Ignacio Zaragoza, el 8 de septiembre de 1862. Ante ello, el presidente Benito Juárez designó al General Jesús González Ortega como nuevo comandante en jefe del Ejército de Oriente. 
 
Después del 5 de mayo de 1862, las fuerzas francesas se repliegan hacia Veracruz para preparar una segunda incursión en territorio mexicano; a la vez que solicitaba a París el envío de refuerzos; dos divisiones al mando del general en jefe Élie-Frédéric Forey, designado para sustituir al Conde de Lorencez, con un total de 28 mil efectivos. Las divisiones francesas, a su vez, eran dirigidas por Charles Abel Douay y por François Achille Bazaine. A este ejército se agregaron 7,000 mexicanos comandados por los generales conservadores Juan Nepomuceno Almonte y Leonardo Márquez, se pusieron en marcha hacia a Puebla a principios de marzo de 1863, con 56 cañones y una reserva de 2,400, 000 cartuchos para las armas portátiles.
 
El alto mando del Ejército de Oriente había definido un plan de defensa basado en la construcción de un sistema de fuertes, la fortificación de cuatro zonas de manzanas en el casco urbano y el cerro de San Juan, agregar redientes y parapetos, así como líneas interiores apoyadas en edificios o templos. A los fuertes de Loreto y Guadalupe se agregaron los de Santa Anita (también conocido como El Demócrata), San Xavier o Iturbide, El Carmen o Hidalgo, La Garita de Totimehuacán o Ingenieros, la iglesia de los Remedios o Zaragoza, La Misericordia o Independencia, el fortín del Señor de los Trabajos y la línea de Redientes del Parral o Morelos
 
Para marzo de 1863, Puebla era “la plaza mejor defendida de México”. Con una población de 80,000 habitantes, contaba con una guarnición de 21,000 soldados, 170 cañones y 18,000 mil armas portátiles. Las fuerzas estarían dirigidas por algunos de los generales juaristas de mayor prestigio, como Felipe Berriozábal, Miguel Negrete, Porfirio Díaz, Tomás O’Horán y el italiano Luis Ghilardi.
 
Así comienza el asedio nuevamente de los franceses y el holocausto glorioso del sitio de Puebla. 
 
62 días de resistencia histórica ,en los que los franceses se encontraron con la fe legítima de los habitantes de una República libre y soberana que combatió hasta el fin para hacer valer los derechos de su libre autodeterminación.
 
La batalla se convirtió entonces en una cruenta lucha calle por calle, “cuadra por cuadra, casa por casa, piso por piso, cuarto por cuarto, y por eso, porque muchas veces el enemigo estaba del otro lado de la calle y se disparaba de una puerta a otra, de una ventana a otra, se quedaban los cuerpos de los que habían muerto a mitad de la calle”, lo que corrompió el aire y las fuentes de agua de la ciudad. Casi todos los edificios de la ciudad quedaron destruidos. En vista de la resistencia presentada por los mexicanos, a mediados de abril el alto mando francés realizó un Consejo de Guerra en el que se planteó suspender las hostilidades y dirigirse directamente hacia a la Ciudad de México; sin embargo, como uno de los objetivos del asedio era “cobrarse” la derrota del 5 de mayo, Forey decidió mantener el sitio a toda costa. Los defensores empezaron a padecer hambre, lo que sucedió aparejado con la escasez de municiones.
 
El 8 de mayo, tres divisiones mexicanas que conformaban el Ejército del Centro, comandadas por Ignacio Comonfort, intentaron romper el sitio para reaprovisionar la plaza, pero fueron derrotadas por las fuerzas de Bazaine en la Batalla de San Lorenzo Almecatla, en las cercanías de Cholula. Con sus efectivos diezmados y sin posibilidad de obtener víveres ni pertrechos, González Ortega convocó a su oficialidad a un Consejo de Guerra en el que se decidió entregar la ciudad. Finalmente, tras dos meses de férrea y heroica resistencia, se ordenó la rendición el 17 de mayo, no sin antes destruir todo el armamento existente y disolver simbólicamente el Ejército de Oriente. Al entregarse prisioneros los oficiales franceses contestaron: “El Ejército francés sabe respetar al valor; y una guarnición que se ha conducido como la de Puebla, no merece sino nuestro respeto y admiración”.
 
Cayeron prisioneros entre 8,000 y 10,000 soldados mexicanos. De ellos, unos 5,000 se pasaron (y los pasaron) a las tropas de Leonardo Márquez; a otros 2,000 se les destinó a destruir trincheras y barricadas, y a limpiar restos humanos y escombros para la entrada de los franceses a la ciudad. Al resto, junto con los oficiales que se negaron a firmar un juramento de que no tomarían las armas contra el Imperio, los llevaron a Veracruz para embarcarlos a Francia y La Martinica. Sin embargo, en el viaje al puerto se fugaron nueve generales, entre ellos el propio González Ortega, Negrete, Díaz y el Coronel Mariano Escobedo, de los 22 que se rindieron, y sólo embarcaron a 110 de los 228 oficiales capturados.
 
Las fuerzas francesas entraron a una Puebla desolada y en ruinas el 19 de mayo de 1863. Sin oposición avanzaron hasta la Ciudad de México, a donde llegaron por el oriente, el 10 de junio; por el poniente salió el presidente Benito Juárez con toda su comitiva de gobierno, con rumbo a San Luis Potosí, con lo que inició la huida del gobierno republicano hacia el norte, ante el avance de las tropas invasoras.
 
Por la caída de Puebla, Napoleón III otorgó a Forey el grado de mariscal de Francia y lo repatrió, quedando Bazaine al mando de las fuerzas francesas.
 
La defensa fue heroica, según las confesiones unánimes de los oficiales franceses que han declarado ante la historia; sus episodios enorgullecen y conmueven; con ellos puede formarse un devocionario de mexicanismo épico para preparar a las generaciones nuevas a la comunión cívica en la República y la Patria. El juicio definitivo lo pronunciaron Napoleón III que, ante la rendición de Metz, durante la guerra franco-prusiana, le gritó a Bazaine: ¿Por qué no hicisteis como los mexicanos en Puebla?
 
El Sitio de Puebla, el orgullo del así llamado Primer ejercito del Mundo, tuvo lugar del 17 de marzo al 17 de mayo de 1863, fortaleció al itinerante gobierno de Juárez, y fortaleció a tal grado el sentimiento de la nación, que la emperatriz de Francia dijo: “Las pirámides de Egipto fueron menos difíciles de construir que lo que sería vencer a la nada mexicana”
 
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