Arturo Romano Pacheco

José Alarcón Hernández | Publicado el Lunes, 03 de Octubre de 2011 18:41

Hace unos días, sintonice un programa llamado “Bones”, que muchos han visto.

La serie de televisión, está inspirada en la vida de la antropóloga forense y escritora de best sellers Kathy Reichs.

Observando la actuación de Emily Deschanel y David Boreanaz, por un momento imaginé, cómo sería un programa televisivo del mayor antropólogo forense: Arturo Romano Pacheco.

El programa estaría lleno de peripecias y aventuras por la ciudad y por la selva, tendría un carácter dramático al desmenuzar la vida y las carencias de un antropólogo allá por 1950, por la falta de apoyo y de material, por las trabas burocráticas que sufrió para realizar su trabajo, pero con la enorme esperanza de esclarecer el pasado y de enriquecer su profesión.

La cortinilla podría ser un collage de imágenes del antropólogo viajando por toda la república, aderezado con escenas del pasado prehispánico.

Imagino un capítulo en el cual Arturo Romano, descubriría los restos óseos de una mujer de la época colonial, que es difícil reconocer por los años que han transcurrido y por la descomposición ósea. Román y su equipo, en base a la tecnología existente en nuestro realismo mágico, tensarían la trama del programa, especulando si esos huesos pertenecen a La Llorona, a la esposa de un Virrey, para al final, descubrir que son, ni más ni menos, que los de la insigne poetisa Sor Juana Inés de la Cruz.    

Los escritores del programa tendrían mucha “tela de donde cortar”, ya que Román trabajó en la identificación de los restos esqueléticos de algunos personajes relevantes, como los del padre Eusebio Kino, de Miguel Ramos Arizpe, de Juan Bautista de Anza y de Francisco Javier Clavijero. Este capítulo se filmaría en el extranjero, pues los restos de Clavijero los localizó en Bolonia, Italia.

La investigación de Román es tan amplia, que tendría que realizarse en varias temporadas; la primera trataría de los estudios prehispánicos realizados por Román en diversas poblaciones mesoamericanas. A raíz de esas excavaciones, se obtuvieron gran cantidad de entierros y de objetos que incrementaron el acervo osteológico del Departamento de Antropología Física del INAH y del Museo Nacional de Antropología e Historia.

La segunda temporada se dedicaría a la excavación y el estudio de restos óseos prehispánicos y coloniales. La tercera hablaría de Román estudiando los restos precerámicos y óseos humanos prehistóricos, como aquella investigación que realizó en el Peñón de los Baños, cuando dirigió la excavación de una osamenta humana pleistocénica, uno de los hallazgos más completos y mejor conservados hasta el momento.

La última temporada comprendería su labor en el campo de la antropología física forense, ampliando la identificación con base en la morfología craneana, por lo cual, a partir de 1975, fue constante su colaboración en la Dirección General de Servicios Periciales de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal. Por ello la Academia Mexicana de Criminalística lo nombró miembro fundador.

Arturo Romano, nació en la ciudad de México el 29 de septiembre de 1921. Cursó estudios de bachillerato en ciencias biológicas en la Escuela Vocacional 4 del I. P. N. Ingresó a la Escuela Nacional de Antropología e Historia en 1942. Entre 1946 y 1948 fue becario del Instituto Carnegie, Washington E.U.

En 1947, coordinó los trabajos de la segunda temporada de excavaciones en Tlatilco, Estado de México, investigación que retomaría en 1962 y concluiría hasta 1969.

Obtuvo el grado de maestría en Antropología Física, en 1956, con la tesis: “Los restos óseos de la Cueva de la Candelaria, Coahuila.”

En 1949, aceptó una beca de la UNAM, para cursar el posgrado en paleomastozoología.

Con base en la experiencia acumulada elaboró una clasificación de los distintos tipos y modos de entierros, por zonas geográficas y horizontes culturales, sistema aún vigente y de gran utilidad no sólo para los antropólogos físicos, sino también para los arqueólogos. Este estudio fue publicado con el título “Sistemas de enterramientos”, en el libro “Antropología física: época prehispánica”, editado en 1974.

En 1951, participó con el doctor Eusebio Dávalos Hurtado en la exploración del personaje del Templo de las Inscripciones, en Palenque, Chiapas. En este sitio se interesó en la fotografía antropológica y empezó a llevar el registro fotográfico de todo el proceso de excavación.

A todos los sitios en los que realizaba excavaciones, llevaba a sus alumnos de la especialidad de antropología física con el fin de que recibieran entrenamiento en técnicas de excavación, en especial de exploración de entierros.

Su labor durante los cuarenta años como investigador en el INAH, comprende diversas investigaciones osteológicas de campo y laboratorio, junto con una amplia labor docente en la formación de varias generaciones de antropólogos físicos interesados en la osteología y fotografía antropológica. En la ENAH ha desarrollado esta labor de manera ininterrumpida desde 1949, donde por primera vez impartió el curso de fotografía.

Su interés por la fotografía lo impulsó a crear en el antiguo Museo Nacional de Antropología, un laboratorio procesador de negativos en blanco y negro, y a la aplicación de diversas técnicas y luces especiales como, la infrarroja y la ultravioleta, para esclarecer documentos antiguos. Entre los trabajos de este tipo se encuentran los correspondientes al acta de nacimiento de Miguel Hidalgo y Costilla y del Códice Colombino.

Ha desempeñado además diversos cargos administrativos en el INAH: jefe del Departamento de Prehistoria, secretario y director del Museo Nacional de Antropología, subdirector del Departamento de Monumentos Prehispánicos y jefe del Departamento de Antropología Física.

Teresa Jaen, escribió: “Con sus investigaciones y estudios pioneros, Arturo, ha contribuido ampliamente a afianzar la Antropología Física mexicana y el prestigio que ésta tiene, tanto a nivel nacional, como internacional”

El también antropólogo José Antonio Pompa y Padilla, dijo: “los estudios de Romano son resultado de la combinación de los sistemas de Estados Unidos y Europa, lo cual da como resultado un estilo que puede considerarse nacional.”

Carlos Serrano, ha expresado: “Las mediciones y las referencias que dan forma a la craneología fueron creadas por él y a lo largo de los años se han consolidado como un punto de partida para otros investigadores, incluso de disciplinas afines.”

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