Sofía David
Los Imperfeccionistas, Tom Rachman, editorial Plata, 2010:
No tiene tiempo. Lo único que puede hacer es ponerse a trabajar con lo que tiene: ingeniárselas para crear una historia con una sola fuente, inflarla con información de contexto y rezar para que cuele.
***
Conoce bien su oficio: todo se expresa en términos de posibilidades, propuestas, globos lanzados al aire. Todas las fuentes inventadas desean “permanecer en el anonimato”, o son “alto cargos próximos a…”, o se trata de “expertos en la materia”. No se cita a nadie por su nombre. Mil cuatrocientas palabras. Calcula cuánto le reportará eso. Lo bastante para pagar el alquiler.
***
Y, como bien sabe Arthur, la palabra “noticia” suele ser una forma educada de referirse a los caprichos del redactor jefe.
***
(…) Le sonsaca al entrevistado moribundo la información que desea, confirma lo que quiere confirmar y, después, permanece sentado fingiendo que está tomando notas, corroído por el remordimiento, mientras va exclamando: “¡Fantástico!” y “¿De verdad?”. Durante toda la entrevista, es consciente del escaso espacio que aquello ocupará una vez impreso: décadas de la vida de una persona condensadas en unos pocos párrafos, que acabarán descansando en la parte inferior de la página nueve, entre “Jeroglíficos” y “El tiempo en el mundo”.
***
De todos modos, no le tengo miedo a la muerte. Ni el más mínimo. Uno no puede temer lo que no puede vivir. La única muerte que vivimos es la de los demás. Es lo peor que se puede vivir. Y ya es lo bastante malo, ciertamente.
***
Lo que de verdad me atemoriza es el tiempo. Ése es el verdadero demonio: nos atiza con el látigo para que sigamos moviéndonos cuando nos gustaría no hacer nada. Y así, el presente pasa junto a nosotros a toda velocidad, imposible de aprehender, y todo se vuelve de repente pasado; un pasado que no se queda quieto, que se introduce en todas estas historias que carecen de autenticidad. Mi pasado… No lo siento en absoluto real. La persona que vivía allí no soy yo. Es como si el yo presente estuviera constantemente disolviéndose. Heráclito tiene aquella frase: “Ningún hombre entra dos veces en el mismo río, porque no es el mismo río y no es el mismo hombre”. Tiene mucha razón. Disfrutamos de una ilusión de continuidad y la llamamos memoria, lo que quizás explique por qué nuestro peor miedo no es el fin de la vida, sino el fin de los recuerdos.
***
Básicamente, la información económica es como el agujero de un desagüe en el centro del periodismo: empiezas nadando cerca hasta que, por fin, a regañadientes, ya no puedes escapar del remolino y te acaba engullendo por el sumidero y arrastrándote hasta las páginas de Economía.
***
En el fondo, soy de los que creen que, en realidad, toda noticia es una noticia económica.
***
-Ésas son las alegrías –dice cansinamente.
-¿De qué alegrías hablas?
-Las alegrías de intentar publicar un diario que no resulte vergonzoso con un cinco por ciento de los recursos que harían falta.
-Ah, sí –replica él-. Las alegrías del diario.
-¿Y tú? ¿A quién le estás destrozando la autoestima hoy?
***
Para muchos, sobre todo para quienes se hallan en lugares remotos, el diario es el único nexo con el mundo en general, con las grandes ciudades que han abandonado, o con las grandes ciudades que jamás han visto y que han edificado en su imaginación. Los lectores son como una especie de hermandad que nunca se reúne, unida por aquellas firmas amadas y odiadas, por los pies de foto erróneos, por el glorioso recuadro de la fe de erratas.
***
No puedo decir si dentro de cincuenta años publicaremos en el mismo formato o en el mismo soporte. De hecho, lo que probablemente os puedo decir es que no publicaremos de la misma forma, que estaremos innovando igual que innovamos que ahora. Pero os puedo asegurar una cosa: los noticiarios sobrevivirán y la información de calidad siempre gozará de reconocimiento. Lo llamemos como lo llamemos, noticias, textos, contenidos, alguien tiene que informar, alguien tiene que redactarlo y alguien tiene que revisarlo.
***
-Buena información y buena conducta son mutuamente excluyentes –le explica ella-. Exagero un poco.
***
-¿Por eso dejaste la universidad?
-Todo está relacionado. Me di cuenta de que el inconveniente de estudiar a los primates era que uno se volvía demasiado consciente de la jerarquía, de los comportamientos de sumisión, de la formación de alianzas. En el mundo académico, siempre iba a ser un primate de rango menor. El periodismo, sin embargo, me parecía una profesión de macho alfa.
-Lo que hay en el periodismo es un puñado de gansos que fingen ser machos alfa –dice ella-.
***
Un periódico es como cualquier otra cosa: puro e incorruptible y noble, mientras pueda permitírselo. Si pasa hambre, se arrodillará en el barro como cualquier otro vagabundo. Los periódicos con dinero se pueden permitir ser íntegros y, si queréis, también algo engreídos. Nosotros, ahora mismo, no nos podemos permitir ese lujo.
***
Los periodistas eran tan susceptibles como los artistas de cabaret, y tan tozudos como los maquinistas de una fábrica.
***
Todos esos tipos, que no son más que taquígrafos glorificados que pontifican sobre las prerrogativas de la prensa, como si el periódico fuera algo más que un negocio.
***
¡Ahh, el periódico! Ese informe diario de la estupidez y la brillantez de la especie…
Comentarios: sofiadavidatz26@hotmail.com
